La inflamación crónica se alimenta, en buena parte, de lo que comes cada día. Frutos secos, semillas y frutas ricas en omega-3, antocianinas y antioxidantes son aliados sencillos de una alimentación antiinflamatoria.
Es la respuesta natural de defensa del cuerpo ante virus, lesiones o amenazas. El problema aparece cuando no se apaga y se vuelve crónica.
Rápida y temporal: enrojecimiento, calor o hinchazón tras un golpe o una infección. Es necesaria para sanar.
De bajo grado y persistente. Se asocia a fatiga, dolor articular, problemas digestivos y mayor riesgo metabólico y cardiovascular.
Tu médico puede pedir marcadores en sangre como la proteína C reactiva (PCR) para valorar si hay inflamación sostenida.
Muchas veces pasa desapercibida: la inflamación crónica no siempre da señales claras. Si tienes cansancio persistente, dolor articular o molestias digestivas frecuentes, consulta a tu médico.
La inflamación crónica tiene muchas causas, y varias dependen del día a día: lo que comes, cómo duermes y cuánto te mueves.
La buena noticia: reducir azúcares y ultraprocesados y sumar omega-3 y antioxidantes es uno de los cambios más respaldados para una alimentación antiinflamatoria.
Ilustrativo. Un nutricionista puede ajustar tu plan según tu caso.
No hay un alimento milagroso, pero sí nutrientes que, dentro de una dieta equilibrada, ayudan a mantener la inflamación bajo control.
El ácido alfa-linolénico (ALA) ayuda a equilibrar el exceso de omega-6 típico de la dieta moderna.
Pigmentos de las frutas oscuras con acción antioxidante que neutralizan radicales libres.
Antioxidantes que protegen las células del daño oxidativo.
La fibra alimenta tu microbiota intestinal, que influye directamente en la respuesta inflamatoria.
Frutos secos, semillas y frutas seleccionados por su aporte de omega-3, antioxidantes y fibra.
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Pequeños cambios sostenidos funcionan mejor que una dieta estricta por unas semanas.
Chía o linaza molida con arándanos azules sobre avena o yogur natural.
Unos 30 g de nueces o almendras, o una o dos nueces de Brasil, en vez de galletas.
Quinoa en lugar de arroz blanco y semillas de auyama o girasol sobre la ensalada.
Cherries o arándanos con yogur natural, en lugar de postres azucarados.
La aguda es una respuesta rápida y temporal para sanar una herida o infección. La crónica es leve pero persistente y, con el tiempo, se asocia a fatiga, dolor y enfermedades metabólicas.
No. Son alimentos que complementan una dieta saludable. Si tienes una condición inflamatoria diagnosticada, sigue las indicaciones de tu médico.
Azúcares refinados, bebidas azucaradas, ultraprocesados, grasas trans y el exceso de aceites refinados ricos en omega-6.
Muchas personas notan más energía y mejor digestión en pocas semanas de constancia; los marcadores en sangre suelen tardar algunos meses.
Una o dos al día son suficientes. Son tan ricas en selenio que comer muchas de forma habitual puede superar la cantidad recomendada.
Empieza hoy con aliados naturales en tu despensa.
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Los alimentos aquí mencionados forman parte de una alimentación equilibrada y no están destinados a diagnosticar, tratar, curar ni prevenir ninguna enfermedad. Consulta a tu médico ante cualquier duda sobre tu salud.